martes, 12 de abril de 2011

Sin título


He vuelto del baño y, juro, que esta será la última vez que vuelva en lo que queda de esta noche. Es que, de camino al baño, encontré el poema del que hablé en la entrada anterior y bueno, ya que estamos en confianza quiero mostrárselos. Aprovechando que parece que mi voz se ha quedado dormida, aprovechando que me encuentro en una suerte de clandestinidad de mi misma.
El poema no tiene título, como todos los poemas que escribo, que no son muchos en realidad.
No estoy segura de que esté muy bien pero bueno. Vamos antes de que esta tipa se despierte y me sorprenda.

Que se nos venga la luz de pronto
golpeándonos la cara
dejándonos en evidencia.

Que se nos achiquen los ojos
que se nos vean las arrugas
y los humores.

Que quede el tiempo suspendido entre nosotros
y que, a cada uno
nos toque el turno de pasar entre los otros.

Mirar. Hay que mirar el huracán
que se ha posado en nuestros hombros
como un acto de sublime humanidad.

Creo que está bien, en verdad no lo sé, pero me gusta. Ahora, si tuviera que justificarlo, no sé qué tendría que decir en su favor (del poema, digo) pero creo que suena bien. Y es, más o menos como pienso, cuando pienso en verso, aunque, generalmente pienso como si le hablara a un público numeroso. Generalmente mis reflexiones parten con algo así como un: Saben? hoy me pasó... esa onda. En verdad no sé cómo piensa el resto. Yo, al menos, me siento como un personaje de mi propia vida, con espectadores incluídos, como si fuera una péli, más que el personaje de un libro. Aunque si fuera el personaje de un libro, creo que me gustaría ser Melquíades, de 100 años de soledad. Más porque me lo imaginé siempre muy grande, como si fuera infalible, como si nadie pudiera hacerle daño, más que el propio tiempo, absolutamente atemporal de un libro y, entonces, se volvía inmortal. Y yo que me siento tan poquito... si, definitivamente me gustaría ser como Melquíades. Pero de momento, si me paretan, no sería más que la flor, que lleva por nombre "Rosita" de Alicia en el País de las Maravillas, a la que todas las flores del jardín hacen callar, nada más porque todo le gusta. A mi me gusta todo, o casi todo.
Me gusta mover los dedos de las manos cuando bailo, me gusta hacer dibujos con vaho en las ventanas los días fríos. Me gusta como explotan las bombitas de agua cuando se les llena con pintura, me gusta cuando brotan las fuccias, me encanta como se retuercen las lombrices, cuando uno las levanta con un palito. Me gusta jugar a las bolitas con los chanchitos de tierra, pero por sobre todo, ver cómo se arrancan cuando dejan la posición de bolita. Me gusta encontrar en las ligustrinas las semillas. Esos porotitos negros que son tan escasos y es una suerte encontrarlos. Me gustan muchas cosas en verdad. Me gusta escribir acá. Me gusta pensar que alguien va a leer esto que escribo y que le va a gustar. Como decía un comercial de Hickory Hill (no me acuerdo cómo se escribe, porque era muy chiquitita y me da lata buscarlo en google) "Nos gusta que le guste" Aunque no tengo la certeza de que a la voz en mi cabeza le guste todo esto, pero igual.
Me cansé un poquito, así que ahora si que me voy.
Buenas Noches.

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